Dice un refrán popular que lo primero para solucionar un problema es reconocerlo. Partiendo de esto, al analizar las uniones tempranas en República Dominicana el primer problema que encontramos es que están muy normalizadas. De ahí la importancia de comenzar a llamar las cosas por su nombre y señalar que éstas no son matrimonios infantiles, ni se trata de cuentos de hadas.
“Las adolescentes que se casan son en realidad víctimas de la exclusión social y de las prácticas tradicionales nocivas. Por la edad temprana con la que asumen el matrimonio, aún no han logrado el desarrollo metabólico pleno, sus redes sociales y expectativas laborales aún son limitadas, con mucha frecuencia son embarazadas de forma inmediata y en algunas ocasiones, sus relaciones de pareja son violentas”, explica la psicóloga social Nisaly Brito.
¿Por qué los llamados matrimonios infantiles son en realidad uniones tempranas inapropiadas? Nisaly, quien también es consultora en derechos de la infancia y de las mujeres, responde que en realidad estas uniones representan un contexto que puede configurar una tendencia de violencia sexual normalizada y legalizada a través de la figura jurídica del matrimonio.
Ciertamente, en algunos países delitos como el abuso sexual y la violación son perdonados si el agresor se casa con la víctima, y las implicaciones emocionales y de reparación del daño no son atendidas por el Estado ni por el victimario.
“Las niñas y adolescentes que se casan de manera temprana no sólo ven coartados sus proyectos de vida, sino que también se afectan su estabilidad emocional (depresión) y económica, favoreciendo con ello la herencia intergeneracional de la pobreza”, apunta.
“Morena Clara”, una de las tantas dominicanas que se unió en pareja a los 15 años, y a quien llamamos así para proteger su identidad, corrobora esto.
“Cuando uno se casa a una edad tan joven uno no tiene experiencia, porque realmente uno es un muchacho. Es difícil porque uno tiene que volar etapas y es difícil no vivir la juventud . Uno tiene que sacrificarse mucho y madurar mucho”, señala la joven mujer.
Por MILLIZEN URIBE

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