Los adulones también devoran

La adulación es definida como la alabanza exagerada y generalmente baja e interesada que se hace a una persona para conseguir un favor o ganar su voluntad para fines interesados. Es lo mismo que servil, pelotillero, cobista, lisonjero o zalamero. Es tan antigua como el hambre misma y ejemplo vivo de ella es la célebre frase de Luís XV, “El estado soy yo”, producto de las más desatinadas adulaciones de sus cortesanos y grandes literatos de la época.

Hay una expresión popular que dice: “los cuervos son devoradores de muertos, lo mismo que los adulones de los vivos”. Los encuentras en todos los estamentos de la vida en donde algún personaje adquiere mucho poder y/o relevancia, y al que se logra tener acceso.

Cuando la adulación es la única herramienta a la que puede acceder un ser humano para obtener los medios mas elementales para su subsistencia, podría en modo alguno hasta ser excusable. Sin embargo, ver ingenieros, periodistas, auditores, contadores, médicos, abogados y otros tantos profesionales que deben albergar un mínimo de dignidad y decoro, arrastrarse como reptiles ante los personajes de turno por lisonjas que pudieran generar por sus propios medios, es una aberración y produce vergüenza ajena.

Son esos mismos adulones los que llevan al abismo a importantes figuras, con una impronta envidiable, con una acrisolada e impoluta hoja de vida; pero que como humanos tienden a equivocarse en su accionar. Lamentablemente, los serviles que tienen a su lado no poseen la capacidad y mucho menos están revestidos de la autoridad para razonablemente disentir del parecer de a quienes todo les aplauden y celebran.

Las personas cuando ocupan posiciones de relevancia y trascendencia en su vida, suelen algunas veces alimentar su ego rodeándose de vasallos y serviles que muy poco les aportan. Algunas veces son sujetos con los recorren el mismo sendero, pero alguien se destaca mas y ello es mas que suficiente para que en secreto le sientan animadversión, rencor, odio, envidia, y otros resentimientos que solo son capaces de expresar a sus almohadas y a quienes de ellas escuchan.

Existe una frase de don Delfo Montero, gran empresario sanjuanero que dice: “quien demasiado cela y cuida es para que mucho le sobre”. Si usted quiere identificar a uno de esos “cuervos de vivos”, deténgase un segundo a analizar su comportamiento. Son celosos del personaje, les hacen ver que ellos son imprescindibles en su vida y que si prescindieran de ellos el mundo se les viene encima, no permiten el acceso de terceros al anillo del personaje y aquellos que por alguna razón logran penetrar, se encargan de dividirlos entre sí y mantenerlos expectantes ante el personaje principal, asegurándose que entiendan que su suerte depende de ellos (de los adulones). Llegan algunas veces a administrar empresas del personaje, de las que vulgarmente y con singular felonía se enriquecen, pero cuan expertos, comen y lavan los platos, cual si fuesen ratas que soplan a sus víctimas para mantenerlos anestesiados hasta que una auditoría de alguien mas expertos los ponga al desnudo.

Hay personajes que pudieran llegar muy lejos, pero deben procurar colocar los pies sobre la tierra, escuchar a consejeros que les dirán cosas muy diferentes a las que se están acostumbrados a escuchar. Esos cuervos son amigos y aman al personaje, mas no a la persona. Cuando el infortunio les visita siquiera de cortesía, son los primeros en lanzarse del barco y montarse en el de turno. Yo, de mi parte, la mejor manera que tengo de identificar a esos cuervos es porque al leer este artículo se darán por aludidos y donde me vean querrán sacarme los ojos.

Por: Cristian Hidalgo