Que no muera la capacidad de asombro


En nuestra vida personal, el ajetreo, los conflictos, los problemas, nos hacen ir perdiendo la habilidad de mirar las cosas- por simples que sean- de forma asombrosa. Así como lo hacen los niños. Recuerdo en una ocasión que fui al campo, yo ´´capitaleña´´ al fin, observo la hoja de un árbol que tenía un tamaño más grande de lo que para mí era normal ver, y espontáneamente digo: ¡Wow que hoja más grande!, aunque esto fue motivo de risas para los que me escucharon, es preferible vivir ´´sorprendidos como los poetas´´. Maravillarse aún en las cosas más simples.

A nivel social en el día a día somos azotados por noticias que van desde asesinatos, intercambios de disparos, actos de sicariato, droga, corrupción, estudiantes universitarios que todavía no han podido  recibir docencia, así como las noticias internacionales que nos llegan, las cuales también tienen su particularidad, capaz de  hacer abrir los ojos a cualquiera, ya sea por indignación o por lo increíble que pueda ser.

Pero el ver y escuchar estos sucesos diarios, nos hace acostumbrarnos a verlos como algo normal, algo que es ya parte de la rutina. Un acontecimiento releva  a otro, y así vivimos en un espiral de episodios sin fin. Muchos de estos intencionalmente manejados, otros son fruto de la realidad social en que vivimos. Salimos de casa, vamos al trabajo, realizamos todas las actividades correspondientes y regresamos a casa sin detenernos a analizar, solo se acepta. Se corre el riesgo de perder el sentido de la empatía frente al que las sufre, y es preciso evitar caer en la indiferencia.

Muchas cosas suceden en la cotidianidad; apenas las podemos percibir y apreciar, porque estamos inmersos en nuestros asuntos, pero algo siempre está sucediendo, algo siempre está cambiando y cuando dejamos de asombrarnos, es una muestra de insensibilidad ante una realidad viva.

Ya sea vivir asombrados con las cosas que nos rodean, así como el inquietarse, alarmarse e interesarse ante lo que afecta en la sociedad,  ayudaría a  romper con la falta de esperanza ante la vida presente y el futuro.

POR ANNETTE RESTITUYO