La agria lucha por la Casa Blanca entre Hillary Clinton y Donald Trump
se acerca a su fin, y los candidatos subirán al escenario el miércoles
para su último debate en horario de máxima audiencia. Para Trump, el
debate es quizá su última oportunidad de darle la vuelta a una carrera
que parece se le está escapando.
Sus comentarios agresivos sobre mujeres y una oleada de
acusaciones de agresiones sexuales han agravado su impopularidad entre
las mujeres y estrechado su camino a la victoria. Sus seguidores siguen
siendo muy leales, pero hay pocos indicios de que esté atrayendo a los
nuevos votantes que necesita con desesperación.
Por su parte, Clinton llega al debate con sus propios
desafíos. Aunque los sondeos parecen inclinarse en su favor, la
demócrata enfrenta una nueva ronda de preguntas sobre su autenticidad y
fiabilidad, preocupaciones que han lastrado toda su campaña. El ataque
informático a los correos de uno de sus principales asesores de campaña
mostró a una candidata reacia a disculparse, que puede mostrar un tono
en privado y otro diferente en público, y que sólo toma algunas
decisiones tras meticulosas deliberaciones políticas.
El debate, el último en una serie de tres, se celebra en Las
Vegas apenas tres semanas antes del Día de las Elecciones y mientras
algunos estados indecisos celebran ya votaciones anticipadas. Para las
últimas semanas de campaña, Trump ha optado por una estrategia cada vez
más agresiva que ha incluido insistir en que las elecciones serán
amañadas, pese a la ausencia de pruebas de fraude electoral generalizado
en las elecciones presidenciales estadounidenses. AP

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